La otra epidemia que debemos combatir: La supremacía blanca

El antirracismo debe guiar nuestro trabajo para impulsar políticas públicas que transformen al sistema económico que está construido sobre la violencia y la desigualdad

Esta es una perspectiva personal de una empleada de B Lab, la organización sin fines de lucro detrás de las Empresas B certificadas. En esta serie, invitamos a los y las empleadas de B Lab a compartir sus experiencias, inspiración, esperanzas y retos que surgen en su trabajo por un mundo más inclusivo y regenerativo. Esta edición de B Lab Voices fue hecha por Jodeen Olguín-Tayler, Jefa de Desarrollo de Alianzas y Crecimiento Estratégico, B Lab Global.

No ha habido una falta de pruebas. La gente negra ha estado muriendo debido a la desigualdad racial que existe en el sistema de salud, debido a las vías directas que llevan de la escuela a la prisión, debido a su vulnerabilidad desproporcionada frente al coronavirus y debido a que sufren de manera desigual los impactos económicos de la crisis de la COVID-19. Esto no es un accidente. Todos estos factores son síntomas de otra enfermedad mortal.

Estos síntomas violentos manifiestan una enfermedad que ha estado controlando a este país desde su nacimiento y que está engranada en su mismo ADN. Los asesinatos de George Floyd, Ahmaud Arbery, Breonna Taylor y Tony McDade son manifestaciones dolorosas visibles de esta epidemia. Esta enfermedad está por todos lados a nuestro alrededor — nos impacta de manera diferente, pero nadie se libra de ella. Para quienes no podemos ignorar los síntomas, necesitamos que el resto del país se nos una y los vea como parte de una misma enfermedad: la supremacía blanca.


Jodeen Olguín-Tayler, Head of Partnerships and Strategic Growth, B Lab Global, and her son.

Para quienes no la sienten todos los días, les pedimos que no alejan la mirada de la enfermedad que ahogó el suspiro del cuerpo de George, ni de la enfermedad que le permitió a los agentes policiacos quedarse parados ahí cerca. Necesitamos actuar en contra del contagio desatado por los tweets de los funcionarios públicos que han hecho escalar la violencia. Y si sienten enojo debido a estas acciones, por favor también sientan dolor por el silencio de sus vecinos y familia – eso también es un test positivo.

Como mujer chicana estoy dolorosamente familiarizada tanto con el racismo brutal actuado sobre mi gente, como por la vigilancia de la identidad blanca que resulta en una posición más privilegiada para quienes, como yo, somos personas de color con un tono de piel más claro. Este otro tipo de vigilancia es otra fuerza más que intenta dividirnos, por ello, cuando mis tías y primos en Nuevo México, y mi hermano en Sao Paulo, Brasil, me dicen que la vacuna podrá salvar las vidas de quienes tengan dinero y proximidad con la blancura, juntos cargamos la experiencia sofocante de sospechar que este también será un recurso que no llegará a las mayorías negras y de color en nuestras comunidades. Como personas de color, estamos muy bien familiarizadas con las soluciones falsas que privilegian a la minoría por encima de la mayoría.

Mi prueba salio positiva de la COVID-19 a comienzos de marzo y sentí el pánico que invade todo tu ser cuando a tus pulmones no les llega suficiente oxígeno. Yo conozco, también, el miedo que siento por mi hijo chicano-coreano, puesto que los ataques en contra de las comunidades americano-asiáticas han escalado a causa de los y las racistas que etiquetaron al coronavirus como el “virus chino.” 

Así como nuestras hermanas y hermanos negros sufren tanto en la primera línea de la brutalidad policiaca, como por la renuencia de los sistemas de salud a valorar las vidas negras en un sistema económico construido sobre la esclavitud de los cuerpos negros y de color, nosotros sabemos que no habrá una vacuna para la supremacía blanca. Y las “composturas” desiguales e insuficientes mantendrán al sistema de la supremacía blanca firmemente en su lugar y fracasarán en transformar y curar los sistemas que privilegian los cuerpos y vidas blancas.

No hay espectadores en esta pandemia: si bien privilegia a algunos, nos infecta a todos. Es necesario que todos y todas juntas transformemos al sistema económico. Esta es la razón por la cual, el lunes, Andrea Kelsick, la codirectora ejecutiva de B Lab EE.UU. y Canadá, hizo un llamado a esta comunidad a unirnos para llevar a cabo la acción antirracista en un número de formas importantes y poderosas.

Anthea nos llamó a reconocer que las soluciones a las epidemias que estamos enfrentando deben ser presididas por muchos y muchas. Para poder ser soluciones reales, estas deben alinearse con las reformas estructurales dirigidas hacia la transformación del sistema económico global. En una reciente reunión virtual de la comunidad global de Empresas B, así como en la cumbre virtual #WeTheChange y la reunión de enero de 2020 del Colectivo para el Clima, aquí en Estados Unidos, la comunidad de Empresas B participó en conversaciones interesantes acerca de cómo aplicar principios de justicia racial en cualquier esfuerzo de acción colectiva que soporte la participación cívica y el cambio estructural de las políticas públicas.

Al ir impulsando el momento para lograr muchos de los cambios en políticas públicas que se necesitarán para abordar esta epidemia, podemos aprender de las organizaciones que trabajan en políticas públicas en materia de justicia racial, como Demos, Haas Institute y la coalición del Movimiento para la Vidas Negras para políticas públicas. Estos grupos aplican el principio de universalismo dirigido en el desarrollo y diseño de sus políticas públicas. El universalismo dirigido es el principio que dice que para poder beneficiar a todas las personas, las políticas públicas deben estar diseñadas e implementadas de forma que mejoren los resultados, vidas e impactos de quienes son más vulnerables y sienten el peor impacto de cualquiera de los sistemas.

Conforme se vaya desenvolviendo esta conversación en nuestra comunidad global de Empresas B en los siguientes días y semanas, estaré muy agradecida por el liderazgo de Anthela Kelsick, cuya carta enérgica que nos dice que el camino que tomemos debe ser antirracista, alumbra también el camino de acción que debemos tomar de aquí en adelante. Si bien la red global de Empresas B ciertamente debe continuar su liderazgo en la construcción de un movimiento para el cambio de los sistemas económicos, cambiar los sistemas económicos requiere que trabajemos junto a nuestros movimientos sociales hermanos para desenraizar la enfermedad de la supremacía blanca y parar la epidemia de la violencia antinegra.

Una vacuna para el coronavirus no curará esta otra enfermedad. La supremacía blanca seguirá desatando la violencia en contra de la gente negra y de color y seguirá infectando y disminuyendo la humanidad de las personas blancas que siguen siendo cómplices. No podemos apoyar el regreso a la “gran América” que nunca lo fue. Nosotros y nosotras, todos y todas, desesperadamente necesitamos una normalidad nueva…una que facilite un futuro en donde todos nuestros niños y niñas se sientan seguras, en donde las vidas negras importen y sean celebradas, en donde tengamos una economía inclusiva y equitativa diseñada para satisfacer las necesidades humanas y se asegure la dignidad de todas las personas. Para llegar ahí, tenemos que trabajar activamente y con urgencia para lograr las transformaciones individuales, organizativas, sociales y estructurales que son necesarias para asegurar un futuro equitativo para toda la gente.

Jodeen Olguín-Tayler cuenta con cerca de dos décadas dirigiendo proyectos en los movimientos por la justicia racial y de género. Tiene una experiencia profunda en las coaliciones para las políticas públicas antirracistas e incluso fundó el Inclusive Democracy Project cuando fungió como vicepresidenta de Demos, también fungió como directora de campañas en la Alianza Nacional de Trabajadoras y Trabajadores Domésticos, y como directora de campo en la campaña Caring Across Generations; es también una miembro entusiasta de Mijente, una organización de latinxs y chicanxs, en donde dirigió una esfuerzo colectivo para traducir al español la agenda de políticas de la Vision for Black Lives. En 2019, Jodeen se unió a B Lab Global, para dirigir el equipo global de B Lab para el desarrollo de colaboraciones para hacer avanzar las iniciativas programáticas y construir la infraestructura que propiciará el cambio de los sistemas económicos.